
Hoy tenía una cita. Estaba muy nervioso, como un crío. Abrió el armario mirando cada uno de los trajes una y otra vez, tenía que elegir bien ya que se trataba de una gran ocasión, tal vez la última de este seductor. Se fue al baño y miro su cuerpo desnudo en el espejo; "no estoy mal" - pensó. No señor, para un hombre que ya no era un niño. El agua corría por su cuerpo proporcionándole una grata sensación. Disfrutaba cada momento: la ducha, el afeitado, en cada cosa que hacía pensaba en ella.
Todo tenía que ser perfecto, nada podía fallar. Llevaba cuarenta y cinco años esperándola. Toda una vida. Se volvió de nuevo ya vestido y la imagen que le devolvió el espejo le gusto: estaba impecable. Sonrío y salio seguro que ella estaría ya esperándole… aunque sabia que era paciente no quería hacerla esperar.
Monto en el coche, suspiro y encendió su ultimo cigarrillo antes de reuniese con ella.
En la radio sonaba su canción preferida. Dejo volar su imaginación pensando en su piel que pronto estaría acariciando…y de pronto una luz, una columna y después dolor. Sólo fue un segundo porque allí estaba ella sentada sonriendo, vestida de blanco, con dos copas de vino. Era preciosa ¡Dios, era mi cita! ¡Era ella!
Ella que le tendría para siempre. Ella era la muerte. La que desde que nació le estaba esperando...

5 comentarios:
No jodas :((((( me has hundido...
Besazos enormes
Ay! a mí que se me aparezca en forma de hombre por favor y si es con 2 copas mejor.
Muy bueno Lucía.
Besos.
Lucia me tienes con mucho suspenso leyendote y al final...es que no me lo esperaba, que gran ingenio el tuyo mi amiga.
Abrazos y felices fiestas.
Muy bueno el relato, y sorprendente su final.
Un beso
La muerte siempre nos espera, y además, la jodida, no tiene prisa...
Saludos!
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