Hoy, mientras miro llover a través de la ventana, siento como la mente se va al pasado, a otro día de lluvia hace ya más de dos años...
Cómo le conocí es lo de menos, porque lo que siempre me interesó de él fueron sus palabras, la forma de transmitirlas, esa fuerza... y eso que yo no soy muy dada a creer en las gentes, sobre todo no conozco su mirada. Recuerdo como empezó nuestra primera conversación: le dije que yo no tenía corazón.
- Claro que tienes corazón - me dijo en seguida - todos lo tenemos. Unos más grandes, otros más pequeños, otros muy duros y fríos, y los hay más blanditos y llenos de amor.
- ¿Tú crees? - le contesté.
- Claro que lo creo. Es más, te contaré el cuento de una princesa que no tenía corazón.
Y así me narró un bello pero triste cuento que me hizo llorar.
- ¿Ves como sí que tienes corazón? - me dijo - sólo que lo cerraste tanto que ya ni te acuerdas de en dónde está la llave. Pero estoy seguro de que algún día alguien la encontrará y lo hará latir de nuevo con la llave del amor.
En ese punto me atreví a narrarle un sueño que me perdonarán guarde para mí ¿verdad?
El caso es que nuestra amistad fue avanzando. Y él me recordó cosas que había olvidado hacía mucho tiempo, como por ejemplo a reír por pequeñeces. Le hice mi cómplice, contándole secretos que jamás a nadie conté. Me sentí increíblemente bien con él, incluso mi duro corazón - ese que no tenía - latía feliz cuando leía sus historias. Y así, de esta manera, sin darnos casi cuenta, se fueron abriendo las puertas para el encuentro.
¡Ah, el encuentro! ¡ese primer encuentro! Pasó de todo menos lo que siempre quisimos que pasara. De aquel bien prodría escribirse una comedia de los setenta, de cine español, claro. Pero aunque no fue lo que habíamos imaginado nuestra relación continuó, continuaron las palabras y continuamos poniendo ilusiones para un próximo encuentro. Esta vez sería diferente.
Y tan diferente... Todo parecía perfecto. Un bonito hotel, en una calle de nombre romántico: calle Pensamiento. No me negaréis que no es romántico ¿verdad? Desde luego que la cosa prometía. Pues ni aún así fue lo que esperábamos, era como si el destino no quisiera que nuestros cuerpos se unieran para hacer realidad todos aquellos momentos que, por lo menos yo, ya había vivido en sueños. Al final simplemente me quedé con el nombre de la calle, un ticket de aparcamiento que guardé y un escalofrío intermitente que aparecía cada vez que pasaba por aquella calle y pensaba en lo que pudo haber sido y no fue.
Jamás volví a saber de él. Por alguna razón que desconozco nos perdimos en el silencio, se nos murieron las palabras. En aquel momento no lo entendí.
Pero hace cosa de un mes desperté con su recuerdo pegado a mi piel. Fue algo extraño, pero sentía una gran necesidad de hablar con él. Busqué en mi correo su dirección, y por casualidad, releí su último email, en el cual me decía que le mar ya no le hablaba de mí cuando, justamente, había sido yo quien le había ayudado a escucharlo. Entonces me di cuenta que quien verdaderamente se había perdido en el silencio había sido yo.
Hoy viendo llover las gotas me proporcionaron las respuestas a las dudas que en aquel momento no pude o supe resolver.
En el primer encuentro él me dijo que venía a darme su corazón porque sentía que conmigo estaría a salvo, quizás hasta que llegase la persona que mereciese tenerlo. Y ahora sé que esa persona especial a la que siempre había esperado llegó, y él entonces se lo entregó. Así que su corazón siempre estuvo en una cajita muy cerquita del mío, sin ni siquiera yo saberlo, hasta que se marchó, y yo sentí aquel vacío.
Sí, a mi corazón le costó decirle adiós. No quería volver a estar solo de nuevo.
Pero siempre me quedará un día de lluvia, un ticket y una calle que me recuerden que no, que aquello no fue un sueño...
Cómo le conocí es lo de menos, porque lo que siempre me interesó de él fueron sus palabras, la forma de transmitirlas, esa fuerza... y eso que yo no soy muy dada a creer en las gentes, sobre todo no conozco su mirada. Recuerdo como empezó nuestra primera conversación: le dije que yo no tenía corazón.
- Claro que tienes corazón - me dijo en seguida - todos lo tenemos. Unos más grandes, otros más pequeños, otros muy duros y fríos, y los hay más blanditos y llenos de amor.
- ¿Tú crees? - le contesté.
- Claro que lo creo. Es más, te contaré el cuento de una princesa que no tenía corazón.
Y así me narró un bello pero triste cuento que me hizo llorar.
- ¿Ves como sí que tienes corazón? - me dijo - sólo que lo cerraste tanto que ya ni te acuerdas de en dónde está la llave. Pero estoy seguro de que algún día alguien la encontrará y lo hará latir de nuevo con la llave del amor.
En ese punto me atreví a narrarle un sueño que me perdonarán guarde para mí ¿verdad?
El caso es que nuestra amistad fue avanzando. Y él me recordó cosas que había olvidado hacía mucho tiempo, como por ejemplo a reír por pequeñeces. Le hice mi cómplice, contándole secretos que jamás a nadie conté. Me sentí increíblemente bien con él, incluso mi duro corazón - ese que no tenía - latía feliz cuando leía sus historias. Y así, de esta manera, sin darnos casi cuenta, se fueron abriendo las puertas para el encuentro.
¡Ah, el encuentro! ¡ese primer encuentro! Pasó de todo menos lo que siempre quisimos que pasara. De aquel bien prodría escribirse una comedia de los setenta, de cine español, claro. Pero aunque no fue lo que habíamos imaginado nuestra relación continuó, continuaron las palabras y continuamos poniendo ilusiones para un próximo encuentro. Esta vez sería diferente.
Y tan diferente... Todo parecía perfecto. Un bonito hotel, en una calle de nombre romántico: calle Pensamiento. No me negaréis que no es romántico ¿verdad? Desde luego que la cosa prometía. Pues ni aún así fue lo que esperábamos, era como si el destino no quisiera que nuestros cuerpos se unieran para hacer realidad todos aquellos momentos que, por lo menos yo, ya había vivido en sueños. Al final simplemente me quedé con el nombre de la calle, un ticket de aparcamiento que guardé y un escalofrío intermitente que aparecía cada vez que pasaba por aquella calle y pensaba en lo que pudo haber sido y no fue.
Jamás volví a saber de él. Por alguna razón que desconozco nos perdimos en el silencio, se nos murieron las palabras. En aquel momento no lo entendí.
Pero hace cosa de un mes desperté con su recuerdo pegado a mi piel. Fue algo extraño, pero sentía una gran necesidad de hablar con él. Busqué en mi correo su dirección, y por casualidad, releí su último email, en el cual me decía que le mar ya no le hablaba de mí cuando, justamente, había sido yo quien le había ayudado a escucharlo. Entonces me di cuenta que quien verdaderamente se había perdido en el silencio había sido yo.
Hoy viendo llover las gotas me proporcionaron las respuestas a las dudas que en aquel momento no pude o supe resolver.
En el primer encuentro él me dijo que venía a darme su corazón porque sentía que conmigo estaría a salvo, quizás hasta que llegase la persona que mereciese tenerlo. Y ahora sé que esa persona especial a la que siempre había esperado llegó, y él entonces se lo entregó. Así que su corazón siempre estuvo en una cajita muy cerquita del mío, sin ni siquiera yo saberlo, hasta que se marchó, y yo sentí aquel vacío.
Sí, a mi corazón le costó decirle adiós. No quería volver a estar solo de nuevo.
Pero siempre me quedará un día de lluvia, un ticket y una calle que me recuerden que no, que aquello no fue un sueño...

11 comentarios:
Qué bonito!
Me ha gustado mucho, un recuerdo muy especial, imborrable...
Felicidades Lucía, por este blog recién estrenado y tan lleno de sensibilidad.
Un abrazo:)
precioso, realmente precioso, abrir la caja de los recuerdos y los sentimientos para que vuelen libres, gracias por darte a conocer
"calle pensamiento", me trajo un recuerdo de aquellos que guardamos para siempre.
me encanta esa sensibilidad con la que escribes, realmente atrapa.
volveré, besos.
Me ha parecido realmente precioso lo que escribes y lleno de sensibilidad. ¿quién no tiene una cajita llena de pequeños recuerdos?
un placer conocerte. volveré
que bonita historia y que bonito escrito, me ha encantado. es verdad, a veces es mejor quedarse con alguna pequeña cosa para siempre, en una cajita, donde sea, para que en algun momento nos confirme que aquello que aun acude a nuestro pensamiento no ha sido un sueño.
Encantada de conocerte
Encarna
A ellos les quedará París
y a nosotros siempre nos quedarán las palabras.
Qué bonito lo escribiste. Gracias.
Un recuerdo maravilloso.
Dejó huella verdad?
Besos.
Bonitas palabras Lucía.
A veces los sueños no pueden cumplirse en su totalidad, porque entonces, dejarían de serlo.
aún así, los evocas con agrado, y eso es bonito.
No dejes de soñar;-)
Gracias por visitar mi casa, es un placer conocerte y visitarte.
Besoss
Aquello simplemente fue el preludio de todo lo que vendrá...para tí y para él...
Precioso...
Besos
En la vida sembramos recuerdos día a día, lo importante es saber cuando cosecharlos =)
-J
SYBYLA
Muchas gracias por tu visita y tus atenciones, así da gusto comenzar cualquier tipo empresa.
1 bso.
ISOBEL
Gracias a ti por permitir que me presente.
BASQUIAT
A veces todo parce una madeja, y los recuerdos de unos nos llevan a los propios. Espero algún día lo cuentes. Si se puede.
XAVI
Gracias por el halago. También yo volveré por tu casa.
¿JESÚS O ENCARNA?
Por la foto del perfil y el nombre diría que Jesús, pero por el comentario, Encarna. Ahora me pasaré por tu casa y saldré de dudas. Sí, si no lo guadamos a veces parece que se evapora en el tiempo.
Un beso.
JUANJO MERAPALABRA
Muchas gracias por las tuyas.
TORO SALVAJE
A veces no distingo si dejó huella o dejó cicatriz.
MAX
Supongo que tienes razón, y que ésa es la belleza de los sueños... que sean tan etéreos.
SUREÑA
No creo que fuera el preludio, sin la historia al completo. Aunque una bonita historia.
J.
Qué bonitas palabras las tuyas, J.
A TODOS, gracias por vuestras visitas. Me animáis a seguir.
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