Hoy tenía una cita. Estaba muy nervioso, como un crio.
Así que ahí estaba con el ritual, quería estar lo más atractivo posible pues había de seducir a la mujer de mi cita. Abrí el armario mirando cada uno de los trajes una y otra vez, tenía que elegir bien ya que se trataba de una gran ocasión, tal vez la última de este seductor. Me fui al baño y miré mi cuerpo desnudo en el espejo; "no estoy mal" - pensé . No señor, para un hombre que ya no es un niño. El agua corría por mi cuerpo proporcionándome una grata sensación. Disfrutaba cada momento: la ducha, el afeitado, el cepillado de los dientes... en cada cosa que hacía pensaba en ella.
Todo tenía que ser perfecto , nada podía fallar. Llevaba 45 años esperándola. Toda una vida. Me miré de nuevo ya vestido y la imagen que me devolvió el espejo me gustó: estaba impecable. Sonreí y salí seguro que ella estaría ya esperándome. Sé que es paciente.
Monté en el coche, suspiré y encendí, antes de reunirme con ella, el que sería mi último cigarrillo. En la radio sonaba mi canción preferida. Dejé volar mi imaginación pensando en su piel, entonces... una luz, una columna y después dolor. Sólo fue un segundo porque allí estaba ella sentada sonriendo, vestida de blanco, con dos copas de vino. Era preciosa ¡Dios, era mi cita! ¡Era ella! e
Ella que me tendría para siempre. Ella era esa mujer. Ella era la muerte. La que desde que nací me estaba esperando.
Así que ahí estaba con el ritual, quería estar lo más atractivo posible pues había de seducir a la mujer de mi cita. Abrí el armario mirando cada uno de los trajes una y otra vez, tenía que elegir bien ya que se trataba de una gran ocasión, tal vez la última de este seductor. Me fui al baño y miré mi cuerpo desnudo en el espejo; "no estoy mal" - pensé . No señor, para un hombre que ya no es un niño. El agua corría por mi cuerpo proporcionándome una grata sensación. Disfrutaba cada momento: la ducha, el afeitado, el cepillado de los dientes... en cada cosa que hacía pensaba en ella.
Todo tenía que ser perfecto , nada podía fallar. Llevaba 45 años esperándola. Toda una vida. Me miré de nuevo ya vestido y la imagen que me devolvió el espejo me gustó: estaba impecable. Sonreí y salí seguro que ella estaría ya esperándome. Sé que es paciente.
Monté en el coche, suspiré y encendí, antes de reunirme con ella, el que sería mi último cigarrillo. En la radio sonaba mi canción preferida. Dejé volar mi imaginación pensando en su piel, entonces... una luz, una columna y después dolor. Sólo fue un segundo porque allí estaba ella sentada sonriendo, vestida de blanco, con dos copas de vino. Era preciosa ¡Dios, era mi cita! ¡Era ella! e
Ella que me tendría para siempre. Ella era esa mujer. Ella era la muerte. La que desde que nací me estaba esperando.

1 comentario:
que manera mas dulce de morir
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